martes, 31 de agosto de 2010
lunes, 30 de agosto de 2010
viernes, 27 de agosto de 2010
Tú y Yo: Los Pingüinos y Las Ovejas se aman
En este tiempo de celebración patriótica, sentimientos nacionalistas y temores bien fundados, me permito hacer a un lado mi interés por estos temas para centrarme en una idea interesante. “La honestidad, la confianza, el respeto, la aceptación y sobre todo el AMOR, hacen de la vida en pareja, la mejor experiencia en la vida humana.” Después de tantos años de búsqueda, la gente puede desanimarse, preguntarse: ¿qué es lo que les falta para poder amar a alguien? Y que esa persona los ame por igual. Hartos de vivir sin esa pequeña sensación de calor humano, de comprensión y cariño, nos desilusionamos de la idea del amor. Nos volvemos fríos y nos concentramos en nuestro propio mundo. Quizá para evitarnos el ser lastimados, quizá para no hundirnos más en nuestra propia soledad, o simplemente porque aceptamos una tonta realidad y como en cierta canción decimos “No me vuelvo a Enamorar”. Pero la vida trae muchas sorpresas y aún cuando nos encontremos en la más oscura de las depresiones, algo sucede, alguien llega. Tan inesperada como sorpresivamente. Existe cierta contradicción entre “El que busca encuentra” y “El que mucho busca… poco encuentra”. Me hace preguntar ¿Es acaso el azar tan calculador como el karma, que cuando menos lo esperas y de la manera más impresionantemente sencilla, simplemente llega? En mi opinión: SI. Cada vez que recuerdo la manera en como la felicidad toco a mi puerta, sonrío y pienso en todas las cosas felices que he pasado a su lado. Y comprendo que, en ocasiones, tienes que pasar por muchas pruebas, algunas muy duras y otras tantas muy sencillas. Pero todas, conllevan dentro un mensaje muy importante: El hacernos Madurar. Un proceso arduo y varias veces, doloroso. Más sin embargo, necesario. La vida y la coexistencia humana serían demasiado simples si todos llegáramos al mundo dotados con el conocimiento suficiente como para saber manejar todo lo que se nos ponga delante. Todos somos diferentes. Pasamos por momentos que nos dejan una marca, una huella, una enseñanza, una cicatriz. Pero eso no significa, ni desprecia, el hecho de que después de estas pruebas, no venga algo mejor. Algo para lo que ya estemos mejor preparados. Es aquí cuando uno vuelve a empezar el ciclo, pero con una enseñanza, ya sea para poder abrir su corazón o para no dejarse pisotear de nuevo. Cuesta trabajo. Lo sé. Sin embargo, puedo asegurar firmemente, que vale la pena intentarlo. Si no: ¿Por qué valdría la pena seguir entonces conociendo gente, si sólo vamos a perder nuestro tiempo y el de los demás? El egoísmo puede manifestarse de distintas maneras, una de ellas, y a la cual me refiero anteriormente, es a la de conocer mucha gente con la idea de encontrar en alguien a una pareja en potencia, mientras que por debajo del agua, sólo piensas en que harás al día siguiente. La verdad esto no es justo, para uno y mucho menos para la persona a la cual le das esperanzas vanas. Y mientras uno continué internándose a sí mismo en un mundo de vacías y efímeras “relaciones” más y más pronto tocara fondo. Demostrándose lo solitario que se queda. Y por increíble que pueda parecer, es real. Estas cosas pasan. La sociedad se ha vuelto banal y no se interesa en nada más que en el bien propio, ya a nadie le importa lo que exista en la mente ajena. Y aunque esperamos que algún día estas ideas cambien y se aprecie a un ser humano por lo que es por dentro antes que por sus medidas, por mientras los espertos afirmaran por mientras que es parte de la naturaleza humana la necesidad psicológica y culturalmente pre condicionada de conectarse con alguien, ya que esto lleva a la propagación de la especie. Sí, son buenas teorías, sin embargo son demasiado intelectuales para mí. Yo creo, y quizá muchos de ustedes ya lo sepan. Y nueve meses de estable y amorosa relación me respaldan. Que, mientras el Amor dura, se siente condenadamente bien.
jueves, 26 de agosto de 2010
Misterios Resueltos de la Vida… ¿Los Defectos Físicos llevan a la Soltería?
En uno de mis momentos libres, me encontraba platicando con algunos de mis compañeros de escuela, cuando entre risas y comentarios irónicos me recomendaron que viera un video en la red acerca de una chica que llora amargamente, cual viuda en cementerio sobre la talla de su busto y el exceso de vello en su cuerpo, y a pesar de que el video sea increíblemente divertido, no pude evitar el preguntarles su opinión acerca de los defectos físicos ajenos. De pronto una encuesta fue planteada: ¿Quién entre los presentes se había visto en la situación de no relacionarse con alguien por la existencia de algún defecto físico de la persona en cuestión? Mientras ninguno de los presentes lo admitía con valentía, una chica se jactaba alegremente de haberlo hecho, con el pretexto de que el acné del hombre con el que salía, destruyo casi por completo la tersa piel de su rostro. Fue ahí cuando me puse a analizar la situación. Si bien es cierto que “el amor entra por los ojos” ¿cómo es que hay tantas personas que a pesar de estar físicamente “fuera del estándar” o como dirían algunos “buenos y guapos” prefieran mantenerse al margen y permanecer solteros? Esta pregunta estuvo en mi mente por un buen tiempo dándome un sinfín de ideas y posibilidades para responderla. E inconscientemente me puse a pensar, que de cierta manera, casi todos mis amigos están atravesando esta situación. Parece que han adoptado el rol de soltero a tal grado que parece ya no importarles. Algunos lo hacen por no tener que gastar en alguien más, otros por no tener tiempo suficiente y algunos otros por simplemente no querer relacionarse con nadie para no tener que lidiar con el compartir su vida, o porque por más que lo desean, no han encontrado a la persona correcta. En ese momento comprendí lo que pasaba. Mucha gente piensa que gran parte de la relación se lleva en la apariencia externa, algo con lo que de cierta manera estoy de acuerdo, más sin embargo, pienso que esa no es una base totalmente fundamental para iniciarla. Acepto que el físico de una persona es lo que nos hace sentir “mariposas en el estomago”. ¿Pero qué hay del querer conocer a una persona más allá de lo que vemos? Sus emociones, metas, ideologías y miedos. Todos estos puntos son los que hacen que una relación pueda durar lo suficiente como para poder vivir felizmente al lado de alguien que en primera instancia nos guste. La modernidad y los cambios de mentalidades, han orillado a las masas a crearse un sueño en común: El vivir en una buena casa, con todos los aditamentos para vivir cómodamente, un trabajo estable, con ingresos destacables y si tenemos suerte, aunque de cierta manera ya no se considera algo imperativo: una pareja atractiva e inteligente. Somos pocos los que quizás aún creamos en la clase de amor que dure para siempre. En el tiempo en el que vivimos, ya no se cultivan los valores sociales en pareja, a menos que tengas ya una familia establecida, algo que incluso ahora, muchas personas dudan sobre ella, dadas las crecientes situaciones de maltrato y violencia familiar, por lo que la gente prefiere descartar esta idea y simplemente coexistir en singular. Además, la idea de fama y fortuna que nos venden los medios masivos, degeneran el pensamiento y por ende, mentalizándonos a olvidar la convivencia sana y amorosa con alguien que quizá no sea del todo hermoso, más sin embargo sea honesto. El problema viene cuando no hay un interés tan fuerte por querer conocer a alguien más allá del plano carnal. Que si bien, en algún punto hemos pasado por esto, a la larga podremos descubrir que es, solo un reflejo de nuestra propia necesidad por conectarnos con alguien, por tener con quien compartir nuestras vivencias de cada día, para saber que contamos con un apoyo incondicional externo, pero más que nada… para llenar ese vacío que llevamos dentro.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Mentalidades en Convivencia: El Valor de la Amistad es Irremplazable
Mientras regresaba a casa después de un largo día, por la ventana del camión vi que un niño se mecía solo en el sube y baja de un parque. Por un momento no supe como sentirme ante lo que acababa de observar, intente pensar en las razones por las que nadie quisiera jugar con él, a pesar de que había más niños a su alrededor y mientras se balanceaba libremente parecía algo confundido y anhelante. Comencé entonces a razonar en varias ideas que como rayo pasaron por mi mente. La necesidad de las personas por compartir momentos agradables, conversaciones o incluso liberar sus frustraciones. Las diferentes habilidades individuales para conseguir amigos. Y la creciente ola de malentendidos en las relaciones amistosas por las cuales todo se va por la borda. Fue este último pensamiento el que más curiosidad causo en mi, ya que en mi caso, aparentemente soy un imán de malos entendidos entre mis amistades y yo. En ocasiones por habladurías de terceros, acciones ajenas o incluso conductas propias. Y así como han llegado personas a mi vida, muchas otras se han ido, dejando atrás solo una estela de recuerdos y vivencias. ¿Acaso será que como personas de mentalidades diferentes e individualistas, propiciamos ese rechazo por la sociedad? O en realidad ¿sólo nos concentramos en obtener por medio de conexiones humanas un beneficio propio y así abandonarlos una vez que hemos logrado nuestro cometido? Es abrumador el pensar que de cierta manera, todos somos egoístas. Que en ocasiones mantenemos amistades “interesadas” solo para conseguir una momentánea satisfacción personal. ¿Dónde quedo esa emoción por compartir un rato agradable con los amigos? ¿Cuándo se perdió el significado de la amistad? ¿Será que no podemos hacer nada por alguien sin esperar nada a cambio? ¿En realidad somos tan malas personas? Tratando de dar respuesta a estas incógnitas, recordé que hace tan solo una semana, una persona salió (de cierta manera) de mi vida, mientras que otra, regreso después de mucho tiempo. El tiempo pasa de una manera extraordinaria, y aunque quisiéramos que todos los que nos rodean siempre estén a nuestro lado, debemos entender que para ellos significa mucho el tener nuestro apoyo incondicional, como ellos nos lo dieron en algún punto de nuestras vidas. El despedir a un amigo que comenzará una nueva etapa en su vida nunca es fácil. De repente comienzas a recordar todas las aventuras que tuvieron juntos, las carcajadas que compartieron y las emociones que vivieron. Y sin más que decir, les deseamos mucha suerte, les compartimos por enésima vez lo que sentimos por ellos… y nos despedimos. Cosas como esta, toman a uno por sorpresa, pero más sorprende el hecho de que una persona que creías te había olvidado, a pesar de que sólo hubiera una simple amistad, te reconozca caminando por la calle y te salude con la cara iluminada de alegría por verte otra vez. No entiendo realmente porque las relaciones de amistad terminan (a pesar de haber hecho ya casi un doctorado en la materia), más sin embargo, me siento orgulloso de reconocer que conozco personas que son tan humildes y desinteresadas que apoyan a sus amigos, aun cuando estos tengan la cabeza repleta de ideas y planes para su porvenir y por el momento no nos presten tanta atención. Pero alguien una vez dijo “Buenas cosas pasan, a aquellos que saben esperar”. ¡¿Qué importa si algún día llega esa retribución?! Lo que cuenta es la intención de hacer algo bien por las personas que acuden a nosotros. No importa si son amigos, conocidos, vecinos o enemigos. La mayor satisfacción que podemos encontrar en un favor o un acto generoso hacia algún semejante: es cuando te miran a los ojos y percibes que ese agradecimiento viene del corazón. A eso. No se le puede asignar un valor.
martes, 24 de agosto de 2010
El Gran y Dulce Pastel... Contradicciones: El resultado de querer acaparar mucho en tan poco tiempo.
Cuando éramos niños, nuestro mundo estaba lleno de oportunidades a cada lugar a donde miráramos, un árbol nos ofrecía un gran y portentoso fuerte de guerra, los charcos que dejaba atrás la lluvia nos parecían más grandes que el océano pacifico, y nuestra mayor meta era tener como premio un juguete o caramelo por cada logro bien realizado. Pero conforme fuimos creciendo, nuestro mundo se fue haciendo cada vez más amplio y reconocimos que teníamos que hacernos un lugar entre lo que ya no era un charco de lluvia, sino un mar de gente que ahora se posaba frente a nosotros. En el camino nos enseñaron el valor del esfuerzo, nos educaron para nunca rendirnos y siempre dar lo mejor de nosotros, con la esperanza de que algún día seríamos “alguien importante” que resaltara de los demás. El mundo está lleno de oportunidades. Las personas, llenas de ideales y sueños. Los sueños, requieren de tiempo y esfuerzo para ser alcanzados. Pero… ¿Cómo saber cuando hemos acumulado tantas ocupaciones y responsabilidades, como para poder permitirnos un respiro y poder organizar nuestras vidas? Mi amigo Carlos es el vivo ejemplo de esta situación. Carlos siempre ha sido un joven alegre y lleno de vida o hiperactivo, como me gusta denominarlo, lo cual el acepta con mucho ánimo. Siempre está buscando actividades y cosas nuevas e interesantes para distraerse y así dejar atrás el mundo en el que vive. Más sin embargo, últimamente, comentamos una situación que por una parte me dejo asombrado y por otra un tanto consternado. En víspera de un nuevo comienzo académico, Carlos se inscribió en una cantidad de materias increíblemente demandantes, más aparte su membrecía al gimnasio y su afición por la guitarra. Honestamente, no dudo de las capacidades físicas y mentales del hombre, la verdad, es una persona muy creativa y apasionada, pero eso no me impidió darle un consejo de experiencia previa. “Es mejor acaparar poco y dedicarle su respectivo tiempo y esfuerzo a cada cosa, que trabajar en muchas cosas, en poco tiempo, con menos energía para al final conseguir un resultado que no es el que esperábamos”. Mis palabras al principio fueron un poco desconcertantes, primero por el hecho de que Carlos no está acostumbrado a consejos de este tipo por parte de alguien más. Pero comprendió que en cierta manera tenía razón. La vida nos brinda un sinfín de posibilidades, convirtiendo al mundo entero en un gran pastel, pero esto no significa que solo porque somos “jóvenes y fuertes” tengamos que acabarnos ese pastel de una sola mordida. Hay un tiempo, un espacio y un esfuerzo para cada actividad que tenemos, la manera en la que nos administremos, debe de proveernos de un equilibrio y una estabilidad ecuánime, para poder desempeñarnos de la mejor manera y alcanzar así todas nuestras metas. Tiempo hay suficiente. Que nos tardemos un poco más desempeñando cierto oficio o tarea, no significa que nos volvamos ociosos o que posterguemos responsabilidades, si esto llegase a suceder, entonces es porque en algo estamos fallando, algún detalle se nos paso por alto y se necesita reevaluar la situación para encontrar una mejor solución. Cada obstáculo con el que nos topamos, es una oportunidad disfrazada, además no hay que olvidar que a cualquier dilema o situación le podemos encontrar más de una solución, solo hay que tener una cosa: Poder de decisión.
lunes, 23 de agosto de 2010
El Mundo como lo conocemos: Amor en nuestros tiempos... Complicado.
No hace mucho tiempo, las personan tenían intereses muy similares, necesidades definidas y un anhelo por formalizar y estabilizar su vida. De todo aquello… Hoy solo queda una pequeña sombra de ese deseo por conectarse con otro ser humano, emocionalmente hablando. ¡Claro! Porque las conexiones físicas entre homo sapiens son tan frecuentes en nuestra ciudad como lo son los accidentes, robos y/o secuestros. Por supuesto. Estoy hablando de la sociedad Gay. ¿De cuál otra si no? Es increíble descubrir que después de tan sólo unos cuantos años, los hombres hemos cambiado tan radicalmente, modificando nuestros patrones de conducta, ideologías y gustos, por el sueño de alcanzar una vida mejor, llena de éxito, personas y sobre todo dinero. Y así, con cada nuevo día nos adentramos más y más en un mundo completamente distinto del que solía ser. ¿Cómo pudo pasar esto? Pensemos por un momento en los valores de la incógnita. Para empezar: antes, un hombre no podía hablar abiertamente de sus preferencias sexuales, ya fuese por el miedo al rechazo, al marginamiento social, o por simple sentido de la privacidad, y por lo general estos detectaban sus gustos pasando la etapa de la adolescencia, acercándose más hacia la juventud adulta, momento en el cual aceptaban a tal grado su condición tan natural, que aprendían a amarse como eran, lo que les permitía avanzar al siguiente paso: amar a alguien más. Actualmente, en una sociedad de más de 10 millones de personas, el género masculino que abraza este estilo de vida es cada vez más joven y precoz, y basados en los estereotipos de series televisivas, artistas o películas de culto, crean una “imagen” de lo que para ellos representa el ser Gay, pensamiento que en ocasiones me pone los pelos de punta al ver caminando por la calle a un ente del cual no sé si denominar hombre o mujer, considerando las prendas que viste y calza o los movimientos que hace. Esta situación genera muchos factores que engordan la creciente tasa de soltería de nuestra comunidad. Los Gays ya no está interesados en relaciones amorosas y duraderas, no quieren saber que hay dentro de la mente de la persona que les llame la atención, su personalidad o sus emociones, solo los mueve una idea: el sentirse vivos y satisfechos con el “acoston” de una noche. Y el hecho de que cada vez los hombres se vean más como mujeres, hace que incluso esto sea difícil de alcanzar. ¿Será cierto esto? ¿Acaso el Amor se ha perdido entre los Gays?
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